“Mientras que las decisiones de la conferencia sobre el cambio climático COP26 del año pasado emprendieron un camino nuevo y ambicioso, al mencionar la necesidad de reducir gradualmente los combustibles fósiles, el resultado de la COP27 sólo representa un estancamiento en ese camino. Lamentablemente, el resultado general carece del sentido de urgencia que emanaba de la evidencia científica presentada en el Sexto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC)”, afirma Richard J.T. Klein, Investigador Senior Fellow.

Decisión histórica sobre Pérdidas y Daños

Sólo en un aspecto la COP27 superó las expectativas: Terminó con la decisión de establecer un fondo designado para “responder a las pérdidas y daños asociados a los impactos adversos del cambio climático”. La decisión se produce 30 años después de que los pequeños estados insulares pidieran por primera vez financiación para permitir a sus poblaciones recuperarse de los impactos climáticos, especialmente a la luz de su propia e insignificante contribución a las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

“La creación del fondo representa una victoria para las poblaciones especialmente vulnerables y marginadas que han ido perdiendo sus hogares y medios de vida debido a los impactos climáticos y se han quedado continuamente sin apoyo suficiente.”

— Zoha Shawoo, Científica Asociada

“En general, el resultado sobre pérdidas y daños ofrece esperanza a los países y comunidades del Sur Global que acudieron a la COP27 con una voz fuerte y unida sobre la necesidad de un fondo para pérdidas y daños y se negaron a ceder en su demanda”, añade Zoha Shawoo.

Sin embargo, todavía hay que resolver cuestiones importantes, como qué países serán responsables de los pagos al fondo y qué países podrán recibir financiación del mismo. Se espera que el fondo se ponga en marcha en la COP28.

Débil en cuanto a los combustibles fósiles, y abriendo posibles lagunas

Durante los últimos días de esta Conferencia de las Partes, parecía que los negociadores iban a estar a punto de decir lo que se necesita para alcanzar los objetivos climáticos acordados: la reducción gradual del uso y la producción de combustibles fósiles.

“Es muy lamentable que se quedaran cortos y acabaran limitándose a repetir el llamado a la reducción gradual de la "energía basada en carbón" y de los subsidios "ineficientes" que ya se había planteado al final de la COP26 del año pasado.”

— Michael Lazarus, director del centro del SEI de EE.UU. y autor del informe sobre la Brecha de Producción

“La ciencia es clara: el uso y la producción mundial de petróleo y gas, así como de carbón, deben empezar a disminuir de forma inmediata y pronunciada para ser coherentes con la limitación del calentamiento a largo plazo a 1,5 °C”, afirma Lazarus. “Como ha demostrado el Informe sobre la Brecha de Producción, los gobiernos del mundo tienen previsto producir en 2030 más del doble de la cantidad de combustibles fósiles de lo que sería coherente con la limitación del calentamiento a 1,5°C. Los responsables políticos deben tomar medidas inmediatas para alinear sus políticas energéticas con las ambiciones climáticas, y reducir la producción y el uso de todos los combustibles fósiles.”

Pero en lo que parece una contradicción con esta evidencia científica, el acuerdo de la COP27 hace referencia a la necesidad de aumentar “las energías renovables y de bajas emisiones”. Si bien esta frase podría significar la expansión de la energía solar, eólica o nuclear, también podría significar la expansión en lugar de la reducción gradual del gas fósil, una fuente de emisiones tanto de dióxido de carbono como de metano.

Pocos avances en materia de financiación

Las partes llegaron a la COP 27 con la confianza en la financiación climática y apenas avanzaron en Egipto en la resolución de los desacuerdos subyacentes sobre la escala de la financiación, las cuestiones de transparencia y responsabilidad, y las continuas barreras de acceso.

“Una excepción importante es el anuncio de un nuevo acuerdo entre Indonesia y un grupo de países ricos que sigue el modelo del acuerdo JETP (Just Energy Transition Partnership o Alianza para la Transición Energética Justa) entre los mismos países y Sudáfrica, que se anunció en la COP 26”, afirma Katherine Browne, investigadora. El acuerdo de 20.000 millones de dólares permitirá a Indonesia adelantar su pico de emisiones siete años, hasta 2030, y podría ser un modelo para apoyar las transiciones energéticas en las economías emergentes. “Con más acuerdos de este tipo en preparación, por ejemplo, con Senegal y Vietnam, necesitamos una mayor transparencia y especificidad en torno a detalles clave como los plazos, los porcentajes de financiación público-privada y las disposiciones de capital”, añade Browne.

Es importante destacar que la decisión señaló que la entrega de la financiación necesaria requeriría una “transformación del sistema financiero”, lo que refleja la llamada Agenda de Bridgetown de la Primera Ministra de Barbados, Mia Mottley, que pide una reforma del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y los bancos multilaterales de desarrollo. “La cuestión de cara al futuro es si los bancos multilaterales de desarrollo se tomarán en serio estos llamados a la reforma, lo cual es un asunto al que hay que continuar haciendo seguimiento”.

“La COP de la adaptación”

Apodada la “La COP de la adaptación” por un enfoque esperado en las necesidades de los países vulnerables al clima para adaptarse a los impactos del cambio climático, la COP27 no terminó mereciendo esa etiqueta.

Justo un día antes de que la COP27 finalizara, el borrador de la decisión parecía reafirmar la adaptación como el reto global que el Acuerdo de París había declarado que era, así como reconocer la necesidad de una respuesta global coordinada. Este tipo de texto habría hecho justicia a la evidencia científica recogida en el informe del IPCC de febrero, en el que se expone cómo los impactos y riesgos climáticos son cada vez más complejos y difíciles de gestionar, y se destaca la necesidad de crear una resiliencia sistémica ante los riesgos climáticos compuestos, en cascada y transfronterizos.

“Pero nada de este lenguaje ha llegado a la decisión sobre el objetivo global de adaptación ni a la decisión final, que insta a los gobiernos a “adoptar un enfoque transformador” para avanzar en la adaptación al clima, pero no contiene ninguna visión ni detalles sobre cómo podría lograrse”, afirma el Invesigador Senior Fellow Richard Klein.

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