Foto: sladkij11/Flickr

De lo local a lo global: las soluciones deben considerar simultáneamente múltiples escalas.

Nuestra sociedad está enlazada por las complejas redes que transportan personas, productos, información, etc. Son sistemas que operan conectando procesos locales; desde acciones y decisiones individuales, hasta operaciones entre naciones, sectores y generaciones. La propagación del SARS-COV-2 evidencia la capacidad de las redes de conectar lo local y lo global. Nuestras rutas de transporte y comunicación pueden rápidamente convertir eventos locales en procesos de escala global. Asimismo, procesos de escala planetaria afectan a comunidades y personas en su cotidianidad.

Las medidas de contingencia para enfrentar la crisis del COVID-19 han reconocido el carácter interconectado de la sociedad para diseñar respuestas efectivas y han sido una clara demonstración de cómo las soluciones a las crisis globales deben entrelazar acciones a múltiples escalas; acciones que van desde apelar al empoderamiento y a la responsabilidad de los individuos para adoptar nuevos hábitos y comportamientos, acciones regionales para adaptar medidas a las particularidades de las regiones y países, y la cooperación entre países, sectores y entidades multilaterales para diseñar e implementar políticas coordinadas, compartir información, tecnología y conocimientos, y desarrollar innovaciones conjuntas.

Foto: Martín Sanchez /Unplash

Abordar los problemas globales desde sus múltiples escalas, también nos permite revelar las disparidades de los efectos experimentados por diferentes grupos de población. La crisis del Covid-19 nuevamente nos revela como inequidades asociadas a pobreza o genero – entre otras, en términos de acceso a recursos, opciones y voz, conducen a una carga desproporcionada de las vulnerabilidades y de las consecuencias sobre grupos específicos de la sociedad.

Esta noción de una sociedad global interconectada es también evidente si consideramos la crisis climática. Evitar una transformación catastrófica del clima será el resultado acumulativo de procesos operando simultáneamente a múltiples escalas, desde las preferencias y elecciones de lo individuos y comunidades, hasta los acuerdos políticos internacionales necesarios para migración global de las tecnologías de suministro, transporte y consumo de energía, biomasa y materiales. Las lecciones aprendidas del Covid-19 pueden sentar las bases sobre cómo adoptar estrategias integrales, transparentes y coherentes a diferentes escalas para enfrentar la crisis climática.

Prevenir es mejor que lamentar, especialmente con ventanas de oportunidad limitadas

En retrospectiva, la propagación del COVID-19 ha demostrado que la medida más efectiva para evitar la crisis de salud pública es actuar con la mayor prontitud y agilidad posible. La tasa de contagio – durante las etapas iniciales de la epidemia – es proporcional al número de personas afectadas, por lo tanto, el retraso en la acción conduce a un círculo vicioso donde hay más personas infectadas que a su vez incrementarán la velocidad de contagio.

Por encima de cierta tasa de contagio, se supera el umbral de la capacidad del sistema de salud para atender la población que experimenta síntomas graves de la infección, generando consecuencias graves para toda la población por la limitación al acceso a los servicios de salud y a la viabilidad de los esfuerzos de contención.

La crisis climática es similar: la transformación del clima tenderá a acelerarse en la medida que un planeta más caliente active nuevos mecanismos que exacerben dichos cambios: por ejemplo, incrementos leves en la temperatura, conducen a condiciones más áridas y al incremento de la frecuencia de incendios forestales o al derretimiento del permafrost – entre otros, incrementando las cantidades de gases de efecto invernadero y acelerando la transformación del sistema climático. Un simple copo de nieve puede convertirse en una avalancha inmanejable, si no se toman medidas oportunas.

“La crisis climática es similar: Un simple copo de nieve puede convertirse en una avalancha inmanejable, si no se toman medidas oportunas.”

El manejo de la epidemia del COVID-19 ilustra claramente como existen ventanas oportunas de intervención ante el advenimiento de una crisis. Estos aprendizajes deben considerarse como referente de la urgencia de acelerar y escalar acciones que faciliten la mitigación del cambio climático.

Los modelos no son perfectos, pero son útiles

Ningún modelo de la epidemia ha proporcionado predicciones exactas; sin embargo, han sido valiosas herramientas para diseñar las estrategias de manejo de la epidemia en muchos países. ¿Por qué? Fundamentalmente por dos razones: en primer lugar, porque los modelos utilizados están construidos sobre principios conocidos que determinan la dinámica de una epidemia, es decir, factores como la tasa de infección, la inmunidad y otros factores.  Ante la ausencia del conocimiento completo de las condiciones “reales” del sistema, la aplicación de estos conceptos básicos permite inferir el estado y la tendencia posible del proceso.

En segundo lugar, los modelos han facilitado la comunicación y diálogo informado, sobre la importancia y el efecto de diferentes medidas de mitigación de los efectos. Esta información ha sido fundamental para influir en la adopción de medidas como los periodos de aislamiento, el distanciamiento social, las necesidades de expansión de la capacidad de los sistemas de atención en salud, etc.

Por décadas, también hemos desarrollado modelos climáticos que, si bien operan con niveles importantes de incertidumbre, comparten las dos características esenciales con los modelos epidemiológicos utilizados para predecir la dinámica de la pandemia, pues están construidos sobre principios bien comprendidos que determinan las dinámicas de largo plazo del clima, como la interacción de la atmósfera, los océanos, la biósfera, etc. A su vez, estos modelos han facilitado el proceso de identificar las potenciales consecuencias de diferentes cursos de acción e informado el diseño de acciones específicas para mitigar el cambio climático.

Paradójicamente, la incertidumbre propia de los modelos climáticos es a menudo utilizada para negar su utilidad en los procesos de toma de decisiones o minimizar las consecuencias potenciales del cambio climático. Sin embargo, la aplicación de los modelos de la epidemia ha demostrado que en condiciones de gran incertidumbre, los modelos son una de las principales herramientas en la toma de decisiones. En el contexto de la crisis climática, la utilidad de los modelos utilizados para informar el manejo de la crisis causada por el COVID-19 son un llamado a establecer una comunicación efectiva entre los científicos y los gobiernos para el diseño de las políticas de manejo de la crisis.

Dos crisis interconectadas

Foto: Dan Burton/ Unsplash

En la medida que consideramos las eventuales transformaciones sociales y económicos que pueden emerger de esta pandemia, debemos reconocer que esta enorme fuerza disruptiva fundamentalmente está operando en el ámbito de los sistemas sociales y económicos. La crisis climática opera en mayores escalas de impacto: involucra también los sistemas biofísicos planetarios como la biósfera y la atmósfera. La alteración de esos sistemas puede desencadenar consecuencias mucho más devastadoras sobre la sociedad humana de las que estamos siendo testigos en este momento, al precluir los numerosos beneficios de los sistemas naturales de los que depende nuestra sociedad.

La situación actual nos muestra una estrecha ventana de las potenciales consecuencias de una disrupción de escala global, y a su vez, nos presenta con aprendizajes y posibilidades para dirigir el desarrollo económico hacia trayectorias más sostenibles y equitativa.