Eucaliptos y campos de té en el bosque de Mau, Kenia. Foto: Patrick Shepherd (CIFOR) / Flickr.

El reciente Informe especial del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) sobre el cambio climático y la tierra mostró el papel fundamental de la gestión del suelo para la estabilización climática y la resiliencia. El informe especial afirma que el suelo puede absorber más de un tercio de nuestras emisiones de dióxido de carbono, y muchos países ya consideran medidas de mitigación basadas en el uso del suelo en sus NDC (Contribuciones Nacionales Determinadas), aunque relativamente pocos tienen objetivos específicos o estrategias realistas para aumentar la escala.

Al igual que otras tecnologías para abordar el clima, los costos generales de la implementación de la mitigación basada en tierra disminuirán a medida que ganemos experiencia. Pero la gestión del uso del suelo también es muy diversa por la naturaleza y las aplicaciones variarán de un área a otra. Por lo tanto, las pruebas, el aprendizaje y el despliegue más amplio de la mitigación basada en el suelo son críticos en la próxima década para que existan soluciones maduras con miras al 2030.

La mitigación basada en el uso del suelo debe abordarse como una cartera complementaria en la que varias medidas se combinan con las condiciones naturales y socioeconómicas únicas de regiones particulares. Tal enfoque es análogo al empleado en finanzas donde una cartera sólida puede funcionar bien en general, incluso cuando algunos de sus elementos tienen un rendimiento inferior o fallan.

¿Qué es la mitigación basada en el uso del suelo y por qué es importante?

El informe especial del IPCC describe cuatro categorías de medidas de mitigación basadas en el uso del suelo con un gran potencial global: (1) bioenergía con captura y almacenamiento de carbono (BECCS); (2) reforestación y restauración forestal; (3) forestación; y (4) adición de biochar al suelo. Todas estas medidas mejoran los sumideros de carbono terrestres y pueden realizarse a gran escala y en diferentes zonas climáticas y condiciones ecológicas, aunque su efectividad y costo varían.

Al mismo tiempo, cada una de las opciones tiene sus propios beneficios específicos que pueden complementar a los demás. La bioenergía reduce la dependencia de los combustibles fósiles a un costo modesto. El Biochar mejora la fertilidad del suelo y disminuye la pérdida de nutrientes. La forestación, la reforestación y la restauración forestal revitalizan la naturaleza, refrescan el clima y ofrecen diversas opciones de uso sostenible de la tierra.

Además, estas acciones pueden favorecer a las regiones tropicales y subtropicales con alta productividad de biomasa y donde una mayor cobertura forestal puede ser más efectiva para la estabilización climática que en las zonas templadas. Tales condiciones significan que las vías climáticas y de desarrollo que incluyen o consideran esta cartera de medidas pueden ofrecer una ventaja competitiva para los países de bajos ingresos a través de los mercados mundiales de carbono y la cooperación internacional en virtud del Acuerdo de París.

Hacerlo bien a escala: un esquema estratégico

Como se señala en el informe, en muchos escenarios, la mitigación terrestre que valga la pena requerirá franjas de tierra sin precedentes. La alta demanda de tierra puede ejercer presión adicional sobre los precios de los alimentos, la biodiversidad, la integridad ecológica y el uso de agua, nutrientes y otros insumos, además de la tierra misma. Por lo tanto, la elección de vías de mitigación basadas en el suelo requiere la implementación y ampliación de las mejores prácticas, acompañando su aplicación con los mecanismos de gobernanza adecuados. Entonces, ¿Cuáles son algunos de los factores clave de éxito?

Primero, priorizar los lugares óptimos y las rutas más efectivas y eficientes para la conversión de biomasa y el uso final, por ejemplo en la coproducción de calor y electricidad, como es común en Suecia. Otra forma de optimización es la producción de energía a partir de residuos, como la paja de trigo o arroz y otros residuos de cultivos, así como los residuos de alimentos y estiércol. La eficiencia también se trata de flexibilidad y diversificación de productos. Por ejemplo, es posible hacer muchos productos diferentes a partir de trigo, incluidos pan, alcohol, alimentos para animales, biocombustibles y bioplásticos.

En segundo lugar, desarrollar sistemas multi-productos y paisajes multifuncionales que permitan a los agricultores capturar sinergias y mejorar sus ingresos al cultivar alimentos, árboles y cultivos energéticos de forma paralela. La comunidad del Foro de Paisajes Globales ha reunido muchos ejemplos exitosos de uso de la tierra multifuncional.

Tercero, asegurar la participación informada, empoderada y justa de las comunidades locales. Las personas que viven y trabajan en la tierra conocen mejor la ecología local y el informe señala que utilizar el conocimiento local e indígena es esencial para el uso sostenible de la tierra. Equilibrar las adiciones a los sumideros de carbono con la seguridad alimentaria es manejable, pero las medidas climáticas deben ser discutidas y debatidas con quienes las adoptarán y pueden verse directamente afectadas por ellas. En SEI, nuestro objetivo es desarrollar enfoques participativos para el análisis y la visualización, incluido el uso de nuestra herramienta de conexiones NDC-SDG.

Cuarto, evitar la deforestación es, en principio, siempre mejor que la forestación o reforestación, y se le debe dar alta prioridad. La preservación de los bosques intactos mantiene los esfuerzos para reducir la expansión de la tierra agrícola y el consumo intensivo de recursos. Al final del día, evitar los impactos de la tierra siempre es más barato que solucionar los problemas después de que la tierra ha sido degradada.

Quinto, dedicar tiempo a la investigación y desarrollo sobre biochar y BECCS. El informe especial indica el alto potencial del biochar, pero aún no tenemos suficiente investigación y datos sobre sus costos y beneficios. Tanto el BECCS como el biochar deben estudiarse más en términos de tecno-economía, impactos biofísicos, socioeconomía y gobernanza.

Invertir en un despliegue más amplio de medidas de mitigación basadas en el uso del suelo debería, por lo tanto, ocupar un lugar destacado en la agenda de acción climática para la próxima década. Ampliar el campo de pruebas para las carteras de mitigación basadas en tierra facilitará el aprendizaje en diferentes escalas, geografías e impactos socioeconómicos, sentando así las bases para las rutas de emisiones netas cero y ofreciendo un mecanismo de seguro vital para lograr la estabilización climática.