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Agua e incendios en la Chiquitanía: el rol de las comunidades indígenas y campesinas

La Chiquitanía, al Sureste de Bolivia, llama la atención por sus atractivos naturales y turísticos, la singularidad de su bosque tropical y su riqueza, pero también por el riesgo de incendios forestales al que está expuesta.

Mirador La Antesala del Cielo. Foto por: Yesica Rodríguez Blásquez/SEI

Date published
23 August 2022
A story from
Chiquitanía, Bolivia

En respuesta a la problemática de incendios y gestión de los recursos hídricos,  surge el proyecto Bolivia WATCH Chiquitanía. Entre marzo y abril del 2022, investigadores del Instituto del Ambiente de Estocolmo visitamos la región de la Chiquitania y la ciudad de Santa Cruz que para comprender el rol de diferentes actores en el manejo de los recursos hídricos y ecosistemas.

Conversamos con  la Gobernación Departamental de Santa Cruz, el Servicio de Encauzamiento de Aguas y Regularización del Río Piraí (SEARPI), la Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano (FCBC), entre otros. A través de visitas programadas, también fue posible la interacción con comunidades indígenas y campesinas que hacen uso del recurso hídrico y son impactadas por los conflictos y problemáticas asociadas a la intensificación de los eventos de incendios en el territorio.

El recurso hídrico y la crisis por incendios forestales: vivencias de las comunidades indígenas de la Chiquitanía

Visitamos cuatro de las 24 comunidades indígenas ubicadas en el municipio de Roboré (Figura 1), en el departamento de Santa Cruz. El recorrido inició en la comunidad de El Portón hasta San Lorenzo Viejo, pasando por San Pedro y Quitunuquiña, identificando problemáticas similares en todas las comunidades con relación al agua y saneamiento básico y de protección de recursos forestales.

Comunidades en la cuenca Tucavaca.

En cada visita, los caciques y cacicas, encargados de las fuentes de agua de las comunidades, nos recibieron gratamente. Con entusiasmo, los comunarios ofrecieron una caminata para conocer sus fuentes de abastecimiento de agua, excepto en San Lorenzo Viejo debido a la ubicación lejana de la fuente. A continuación, compartiremos nuestras impresiones:

Sistemas básicos de abastecimiento de agua

Comunidad de El Portón. Foto por: miembro de la comunidad

En la comunidad indígena de El Portón, fundada en 1979 a raíz de la llegada del ferrocarril al oriente boliviano, identificamos dos fuentes principales de abastecimiento hídrico. La primera corresponde a un chorro de agua ubicado sobre la vía férrea del municipio de Roboré y la segunda, al flujo de agua subsuperficial protegida por los cultivos de plátano sembrados por la comunidad. El agua captada desde estas dos fuentes no cuenta con ninguna clase de tratamiento de potabilización.

Observamos altos contenidos de sedimentos y coloración del agua. Estas condiciones han ocasionado una fuerte migración hacia otros lugares con más y mejores oportunidades, secundada por la inaccesibilidad al territorio, dejando solamente a 7 de las 47 familias registradas formalmente viviendo allí.

Muestra de agua para consumo en la comunidad El Portón. Foto por: Yesica Rodríguez Blásquez/SEI

Foto por: Yesica Rodríguez Blásquez/SEI

San Pedro, otra de las comunidades que conocimos, fue fundada hace aproximadamente 145 años y ubicada a ambos costados de la carretera biooceánica. Las dos fuentes de abastecimiento principales son el río San Pedrito y el río Bocaina, que abastecen a alrededor de 47 familias, aunque estas fuentes tienen un potencial de expansión para el abastecimiento de hasta 60 familias.

Visita a la comunidad San Pedro con la guía de la presidenta del comité de agua, Roxana Macoñó. Foto por: Yesica Rodríguez/SEI

De estas proviene el sistema de suministro para consumo humano, riego y ganadería, que ha sido mejorado a lo largo del tiempo con filtros artesanales en las tomas de agua. Dado que no cuentan con ningún tipo de tratamiento de potabilización en San Pedro, se han instalado pañuelos en los grifos de las viviendas como mecanismo de filtrado ante el alto contenido de sedimentos con el que llega el agua a los hogares.

Al noroeste del municipio de Roboré, está la comunidad de Quitunuquiña, donde viven alrededor de 30 familias. La comunidad cuenta con dos fuentes de abastecimiento de agua. Por un lado, la fuente principal Tapereca y, por otro lado, la vertiente natural El Paraíso, que hace honor a su nombre por el paisaje que se observa en el recorrido hasta su ubicación (Figura 6). Quitunuquiña no cuenta con ningún sistema de tratamiento para potabilizar el agua, ni con monitoreos de calidad o cantidad, sin embargo, hasta el momento, no ha experimentado problemas con sedimentación o coloración.

Recorrida a la fuente el Paraíso en la comunidad de Quitunuquiña. Foto por: Yesica Rodríguez Blásquez/SEI

Foto: SEI

Por último, ubicada al sureste del municipio de Roboré, está San Lorenzo Viejo que alberga a 25 familias y fue fundada en el año 1877. En una reunión con la cacica y otros miembros de la comunidad observamos que toman el agua para su población y la de San Lorenzo Nuevo de una sola fuente de abastecimiento que se encuentra bastante alejada de la comunidad.  Dicho recurso es almacenado en los dos tanques que fueron otorgados por la Organización de Desarrollo Independiente Helvetas y la Central Indígena Chiquitana Amanecer Roboré (CICHAR). Debido a la ausencia de potabilización del agua captada, implementan un proceso de filtración con equipo entregado por la Cruz Roja.

Reunión con la cacica y los comunarios de San Lorenzo Viejo. Foto por: SEI

En síntesis, las 4 comunidades experimentan problemáticas de disponibilidad de agua en términos de calidad y cantidad, lo que ocurre a diferentes niveles dependiendo del tipo y de la ubicación de las fuentes de abastecimiento y de los sistemas de suministro con los que cuentan. No es posible garantizar que el agua que consumen las comunidades es segura puesto que no implementan ningún tipo de tratamiento de potabilización de agua. La falta de sistemas de mediciones de caudal y de calidad de agua dificulta el seguimiento del recurso hídrico para enfrentar los correspondientes desafíos.

Los desafíos de las comunidades reflejan desafíos en la gestión a nivel regional

Las cuatro comunidades identificaron que desde los incendios del 2019 y 2020 la situación se ha vuelto más crítica. En los meses de agosto a octubre experimentan una fuerte escasez de agua: el nivel de agua en las fuentes de abastecimiento disminuye, hay considerables reducciones en los caudales y, en ocasiones, el agua ya no es suficiente para abastecer a la comunidad. Esta misma problemática fue confirmada por la CICHAR, asegurando incluso que durante estos meses no llueve. Asimismo, en algunas comunidades mencionaron el cambio en la calidad del agua con la aparición de cenizas, que se sedimentan y ocasionan acumulación de materia orgánica. Incluso se han reportado problemas de gastroenteritis y en los riñones, posiblemente como resultado de estas condiciones.

Las problemáticas experimentadas en las comunidades reflejan los múltiples desafíos que impactan el manejo sostenible de los recursos naturales en la región de la Chiquitanía, no solo en temas asociados a los recursos hídricos sino también en el ordenamiento territorial.

Recursos hídricos en riesgo

La disponibilidad del recurso es crítica, en el 2021, incluso en el área urbana de Roboré, la Cooperativa de Servicios Públicos de Roboré (COSEPUR) tuvo que suministrar agua mediante cisternas debido a la escasez que se presentó durante un mes completo. La perforación de pozos y extracción de agua subterránea se ha planteado como una posible solución, sin embargo, no es sostenible a largo plazo. Según la COSEPUR el periodo de disponibilidad promedio de estas fuentes se resume a dos años como consecuencia de la explotación ilegal. Adicionalmente, el agua subterránea puede presentar un alto contenido de manganeso y hierro, por la geología de la región.

Ordenamiento territorial inadecuado

Con el objetivo de incentivar la agricultura en Bolivia, el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) está concediendo tierras para uso agrícola, ocasionando una gran migración hacia la región Chiquitana. Los usos asignados a estas tierras permiten el otorgamiento de permisos para el desarrollo de nuevos asentamientos en estas áreas que promueven la deforestación de la región, agravando la problemática asociada a los incendios forestales. Esta problemática se amplifica con la implementación de técnicas de deforestación o “limpieza” inapropiadas por parte de los migrantes para que el terreno sea apto para cultivar, como resultado del desconocimiento del territorio chiquitano. Esto implica necesariamente el cambio del uso del suelo, incluso en zonas protegidas o de uso restringido.

Por otro lado, según la Asociación de Ganaderos de Roboré (ASOGAR), la ganadería es una actividad que está creciendo considerablemente. Aproximadamente el 80% de los ganaderos de la región tienen una producción de baja escala, sin embargo, existe una fuerte tendencia de expansión por parte de productores provenientes de Brasil y Paraguay, con interés en una ganadería más productiva y extensiva de gran escala.

¿Qué es necesario para una gestión integral de los recursos naturales e hídricos?

Es evidente la necesidad de monitoreo de cantidad y calidad del agua y del diseño e implementación de estrategias de gestión integral de los recursos hídricos en la Chiquitania. Tanto las comunidades como las autoridades municipales y departamentales entienden y están abiertos a esta oportunidad. La recolección de información es la base para la elaboración de estudios en las diferentes cuencas y de balances hídricos superficiales y subterráneos requeridos para avanzar en la planificación de la región.

Así será posible trabajar con mayor profundidad y detalle en la modelación de los recursos hídricos de la Chiquitania, considerando el gran interés por parte de las instituciones departamentales en el uso de WEAP como herramienta de modelación. Por otro lado, para coordinar y conectar los múltiples proyectos aislados dentro de la planificación, un enfoque de manejo integral que involucre a todos los actores de las cuencas hidrográficas podría ser una estrategia adecuada.

Este artículo fue escrito por Yesica Rodríguez Blásquez y Jeanne Fernandez. Editado por Natalia Ortiz.