La forma en que el mundo produce proteína está cambiando. Las presiones climáticas, la degradación de los ecosistemas y la necesidad de alimentar a una población creciente están empujando una transición acelerada en el sistema alimentario global. En ese contexto, las proteínas alternativas no son solo una respuesta a un problema ambiental: representan una oportunidad estratégica para países capaces de articular biodiversidad, agroindustria e innovación. La cuestión es quién liderará ese cambio.
Colombia llega a esta transición con una combinación poco común de activos. Su biodiversidad, su base agroindustrial y sus capacidades científicas le dan el potencial de posicionarse en una industria emergente. Sin embargo, ese potencial no se traduce automáticamente en liderazgo. Convertirlo en una apuesta estratégica requiere entender las tecnologías en juego, articular el ecosistema y tomar decisiones de política pública que orienten el desarrollo del sector.
Las proteínas alternativas constituyen una respuesta concreta a una necesidad estructural: ¿cómo alimentar a una población creciente sin aumentar la presión en los ecosistemas? Hoy existen tres rutas tecnológicas con escala comercial demostrada:
En América Latina, la carrera para liderar esta transición ya comenzó. Países como Brasil y Chile han tomado la delantera. Desde Brasil, El Good Food Institute (GFI), ha articulado actores clave, identificado especies con alto potencial para ser utilizadas como insumos y acelerado el crecimiento de startups en la región. En Chile, empresas como Notco han demostrado que el uso de la inteligencia artificial puede transformar radicalmente la formulación de productos, reduciendo tiempos y facilitando la entrada de grandes actores a este mercado. Más que casos aislados, estos avances reflejan una apuesta estratégica por posicionarse en una industria que aún está definiendo sus líderes.
Colombia llega a esta transición en una etapa incipiente, pero con una ventaja difícil de replicar. Mientras otros ya avanzan en el desarrollo de esta industria, el país cuenta con una combinación única de biodiversidad (la segunda más alta del mundo), base agroindustrial y capacidades científicas que podrían posicionarlo como un actor relevante en la región. La oportunidad está clara, pero no es automática: convertir ese potencial en liderazgo dependerá de las decisiones que se tomen ahora.
Más allá del potencial, hay una señal clara: el sector privado colombiano ya empezó a moverse. La base agroindustrial del país, con músculo financiero, infraestructura instalada y apetito real por la innovación, tiene ventajas directas para participar en esta transición.
Las empresas lácteas, con décadas de experiencia en procesos de fermentación, tienen una ventaja competitiva directa y transferible hacia las nuevas tecnologías del sector. Alpina, una de las principales compañías de alimentos del país, lanzó un programa de aceleración diseñado para identificar e impulsar emprendimientos que innoven en la industria alimentaria, conectando capital corporativo con ideas de alto potencial.
El movimiento más significativo, sin embargo, es el del Grupo Nutresa, uno de los mayores conglomerados de alimentos de América Latina, con presencia en 18 países y ventas superiores a los 4.000 millones de dólares anuales. En 2023, anunció una alianza con The Every Co, empresa de referencia global en fermentación de precisión, para incorporar su proteína (un sustituto funcional de la clara de huevo producido sin animales) en productos de sus marcas Zenú y Pietrán. Se trata de la primera integración de este tipo en Colombia, y su relevancia va más allá del producto en sí: demuestra que las empresas líderes del país ya están dispuestas a apostar por estas tecnologías, que el ecosistema internacional está abierto a aliarse con actores colombianos, y que la cadena de valor puede construirse desde adentro.
Estos movimientos del sector privado no son movimientos aislados. Son señales tempranas de un cambio estructural. Si se articulan con investigación científica y una dirección clara de política pública, podrían acelerar la consolidación de un ecosistema de innovación con alcance regional.
El ecosistema existe. Lo que falta es la articulación y el capital para llevarlo al siguiente nivel. Para que Colombia pase de condiciones favorables a liderazgo requiere decisiones concretas en tres frentes:
Las proteínas alternativas no son una apuesta al futuro: son el presente de los países que decidieron actuar. Colombia tiene la biodiversidad, la infraestructura y, como lo demuestran Alpina y Nutresa, el sector privado dispuesto a moverse. Lo que se decida en los próximos años determinará si el país aprovecha esa ventana o la deja pasar.
