El destino de la sostenibilidad global no solo depende de las megaciudades, sino también de las ciudades intermedias que se expanden rápidamente. Los investigadores del SEI, Santiago Jaramillo, Jenniffer Pedraza, Efraím Hernández y Elisa Arond sostienen que estos centros olvidados son piezas claves de futuros sostenibles, equitativos e inclusivos, pero solo si invertimos ahora.
El destino de la acción climática no se decidirá solo en grandes megaciudades, sino también en centros urbanos más pequeños que han tendido a estar fuera del radar. El éxito o fracaso de la acción climática se decidirá en gran medida en estas ciudades intermedias como escenarios capaces de generar transformaciones con alcance local y global. Esto es especialmente relevante en regiones como Asia, Latinoamérica y África, donde la urbanización acelerada concentra muchos de los principales retos ambientales y sociales: desde la vulnerabilidad climática hasta la contaminación del aire y las desigualdades persistentes.
Actualmente, gran parte de las políticas, cooperación, e investigación hacia la acción climática y ambiental en ciudades suele centrarse en las grandes metrópolis y megaciudades. Esto ha dejado por fuera las ciudades pequeñas e intermedias que concentran la mayor fracción de la población urbana y experimentan un crecimiento acelerado, especialmente en África y Asia.
Este es un enfoque equivocado. Los procesos de crecimiento y consolidación de estos centros intermedios tendrán importantes consecuencias desde el corto hasta el largo plazo en términos de hábitat, clima y salud ambiental; enfocar los esfuerzos en la transformación de estas ciudades de menor tamaño puede ser catalizador de un futuro más saludable, justo y sostenible.
Si bien no existe una definición única de qué son las ciudades intermedias, organizaciones como ONU-Hábitat y la OCDE han coincidido en definir las ciudades intermedias (o “pequeñas y medianas”) como aquellas entre 50.000 y 1 millón de habitantes. Más allá de su tamaño poblacional, estas ciudades pueden entenderse como centros de intermediación que gestionan flujos de recursos, personas y conocimiento y actúan como transiciones entre espacios rurales y urbanos. Son lo suficientemente grandes para sostener un dinamismo económico y al mismo tiempo mantener vínculos estrechos con los espacios rurales circundantes.
Estas ciudades enfrentan mayores limitaciones de recursos institucionales, técnicos y financieros que metrópolis más grandes, condicionando su capacidad para actuar de manera efectiva antes los veloces cambios que están experimentando, especialmente en países de ingresos medios y bajos. Esto aumenta el riesgo de que su rápido crecimiento repita patrones urbanos de décadas pasadas y conduzca a que millones de familias terminen habitando entornos poco planeados, excluyentes, contaminados, intensivos en carbono, en conflicto con la naturaleza y mal adaptados ante el cambio climático.
Dado que las ciudades intermedias en regiones como Latinoamérica, Asia y África se encuentran en proceso de rápido crecimiento poblacional y consolidación del espacio urbano, existe una ventana de oportunidad para la planificación proactiva del transporte urbano y la implementación de intervenciones hacia modelos de hábitat más incluyentes, mejor conectados y bajos en carbono.
Entre las intervenciones más prometedoras están:
Estas medidas generan beneficios múltiples —mejor calidad del aire, regulación térmica e hídrica, más actividad física y mayor cohesión social— siempre que se diseñen e implementen con criterios de justicia ambiental, enfoque de género y participación comunitaria.
Al tener una menor población y una escala más manejable que las grandes ciudades, se facilita que las intervenciones en ciudades intermedias puedan ser más efectivas. El rol de los gobiernos nacionales, los bancos de desarrollo, las agencias de cooperación y la academia es clave para promover la movilización de recursos financieros y técnicos que permitan aprovechar la ventana de acción que existe actualmente.
Camino a entornos urbanos sostenibles
Para avanzar hacia modelos urbanos más sostenibles, las ciudades intermedias necesitan intervenciones diseñadas según sus condiciones locales. Dado que la acción climática y la gestión del hábitat se materializan en lo territorial, presentamos algunos ejemplos que pueden servir como punto de partida:
Estas iniciativas muestran que, cuando se integran diversos actores y se reconocen las realidades de cada territorio, las ciudades intermedias pueden contribuir significativamente a los retos globales de clima y calidad del aire. Al hacerlo, generan beneficios sociales y económicos y ayudan a dar forma a los futuros modos de vida urbanos de millones de familias.
