Risaralda depende de manera estratégica del río Otún y la quebrada Dosquebradas, fuentes esenciales para el abastecimiento de agua y el bienestar ambiental del territorio. En la cuenca Otún–Dosquebradas se trabaja de forma coordinada en tres instrumentos clave: el Plan de Ordenamiento del Recurso Hídrico (PORH), la Reglamentación de Vertimientos (RV) y el sistema de monitoreo regional (PIRMA).
El PORH guía el uso y la protección del agua en el mediano y largo plazo, definiendo metas que garanticen que las fuentes de agua puedan mantener sus funciones sin deteriorarse. La Reglamentación de Vertimientos (RV) complementa este ordenamiento estableciendo las condiciones para las descargas de aguas residuales, teniendo en cuenta la capacidad de las fuentes para recibir vertimientos sin afectar su calidad ni sus usos futuros.
El PIRMA es el instrumento que respalda todo el proceso de monitoreo continuo del agua y los factores que la influyen en la región. Más que un documento, es el sistema que organiza, articula y fortalece la red de monitoreo en Risaralda, permitiendo hacer seguimiento a información ambiental clave para entender cómo funcionan y cómo cambian los ríos y las aguas subterráneas a lo largo del tiempo. Su importancia está en asegurar datos confiables, comparables y oportunos, construidos con coordinación entre instituciones como la CARDER, operadores de acueducto, autoridades locales y las comunidades que viven en el territorio. Gracias al PIRMA, la región puede reconocer cambios o alertas a tiempo y tomar mejores decisiones para proteger y recuperar sus fuentes hídricas.
Este trabajo se apoya en estudios previos como la Evaluación Regional del Agua (ERA) desarrollada en 2024 entre SEI y CARDER, e incorpora la participación de alcaldías, entidades públicas, organizaciones ambientales y habitantes de la cuenca, combinando el conocimiento científico con la realidad del territorio y las experiencias de quienes cuidan y dependen del agua.
La articulación del PORH, la RV y el PIRMA fortalece la comprensión del agua, impulsa acuerdos para su protección y permite actuar con mayor precisión en favor del bienestar del territorio. Cuando el monitoreo es continuo, el uso del agua se organiza con claridad y los vertimientos se reglamentan, la protección del recurso es más efectiva y su futuro más seguro para todos.








