En septiembre de 2019 el secretario general de la ONU hizo un llamado a todos los sectores de la sociedad para movilizarse en una década de acción con el fin de cumplir las promesas de los ODS para 2030. En muchos sentidos, alcanzar los ODS está directamente relacionado con la capacidad de los gobiernos locales y regionales de garantizar el acceso a los servicios básicos que sustentan la calidad de vida. Una conclusión predominante en la investigación realizada es cómo la actual pandemia ha hecho retroceder parte de los avances logrados en la Agenda 2030 y ha dificultado la provisión de servicios. Además, el Covid-19 ha demostrado el papel crucial que desempeñan los gobiernos locales y regionales, tomando poderosas decisiones en circunstancias excepcionales.

A medida que avanzamos es necesario diseñar cuidadosamente las decisiones estratégicas con el fin de determinar la forma en que las ciudades y regiones siguen respondiendo a la pandemia en todo el mundo, y cómo planean reconstruir y mejorar sus comunidades. Para fundamentar estas decisiones y ayudar a orientar el apoyo de las organizaciones internacionales, esta línea de base ha puesto de manifiesto los importantes retos y oportunidades para la implementación local de los ODS que se relacionan con los temas más amplios de la promoción, la acción y el monitoreo. Además, este esfuerzo se basa en la Nueva Agenda Urbana, que funciona como un acelerador de los ODS, haciendo énfasis en que las ciudades y los asentamientos humanos deben ser inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles.

De este modo, sensibiliza respecto de la necesidad e importancia de generar acciones a nivel local. Asimismo, busca preparar a todos los actores urbanos a nivel global para que comprendan y apliquen mejor las propuestas de localización de los ODS y generen sinergias con otras agendas, como el Acuerdo de París y las Contribuciones Nacionales Determinadas (NDC).

En primer lugar, a los actores locales de varios países les resulta difícil participar en las instancias nacionales, regionales y mundiales en las que se debaten y deciden las prioridades, la programación y la financiación. En segundo lugar, existe el peligro de que los ODS no se alcancen en 2030, y en ese sentido la actual pandemia ha provocado un retroceso en algunos de los objetivos. En tercer lugar,  para que el diseño y aplicación de las políticas sean eficaces se deben tener en cuenta las interacciones sistémicas entre los objetivos. Por último, una cuestión clave es la falta de evaluación comparativa de la aplicación de la Agenda 2030.

El reporte se encuentra actualmente bajo revisión. Para más información, contactar a Ivonne Lobos Alva.